lundi, avril 21, 2008

Domingo noche

Hace un par de años tuve que perder una mañana en el dentista por culpa de una de mis muelas del fondo.
¿No hay días corrientes que recuerdas con especial claridad sin saber muy bien por qué?
Estaba sentada en un sofá a rayas de la sala de espera vacía pensando que aquella habitación sería mucho más acogedora que mi salón si no fuera por el pez disecado que ocupa, siempre que voy, mi atención.
En esas empezó a sonar una canción a través del hilo musical. La canción era fantástica. Fantástica. Me fascinó e intenté buscar -dada mi pésima memoria- algo que me permitiera después encontrarla en casa. Una letra, una nota, algo. Recuerdo que me pasé toda la sesión tarareándola mentalmente con tal de no olvidarla y arañé un par de frases en un papel. Cuando llegué aquí abrí esto y empecé a buscar con los pocos datos que tenía entre un mar de posibilidades: Las letras cuadraban con un sinfín de canciones. Descargué multitud de ellas y otras de grupos desconocidos que parecían del mismo estilo con tal de tener algún resultado, pero no hubo modo.
Y así fue como llegué a esta otra, de aquella vorágine de canciones capturadas al azar emergió Pressure Point de The Zutons. Reconozco que la primera vez me pareció una mezcla extraña pero es que, definitivamente, el saxo me gusta casi tanto como la voz de Dave. Son originales tanto en música como en la puesta en escena; y la estética de este videoclip es sencillamente arrolladora. Me encantan, claro. Y hoy día ni me acuerdo de aquella otra canción con la que empezaba la historia.


Si te gusta, el tercer disco se espera para el mes próximo. Si te gusta, no te pierdas, al menos, estas:

* Valerie
* Why won’t you give me your love
* You will you won’t

dimanche, avril 13, 2008

Good girl gone bad

Guardo mis pecas en el bolso. Me deslizo despacio como una serpiente saliendo de las sábanas con la intención, con la ilusión de no despertarte. Sigues con esa sonrisa dibujada en la boca. No mereces esto. O sí. Guardo mis medias en el bolso y me cuelgo el vestido en un suspiro cuando descubro otra vez a ese mismo señor mirando a través de su ventana a través de tu ventana. Te dije que bajaras la persiana. Nunca me hiciste caso salvo borracho. Nunca te llevé la contraria y menos, desnuda.
Al otro lado de la acera el coche aguarda en silencio como un genuino Clyde a que me decida a bajar. Tintinea la última farola. La M verde de motel se apaga. El señor de enfrente, acomodado en el sillón, enciende ahora un cigarrillo.
Estoy nerviosa por primera vez, busco las llaves sin respirar, sin emitir sonido y creo escucharte gemir una vez más. De puntillas cruzo los cien kilómetros que me separan de la puerta y desde allí una mirada rápida y algo que resplandece sobre la mesilla. Me crece media sonrisa. A ti te cambia el gesto aunque sigues dormido. Regreso a por el anillo e intento volar de nuevo hasta la puerta.
Bajo la escalera casi sin pisar los peldaños. Fuera, en la acera, me subo a los zapatos justo cuando recuerdo el brillo de tus ojos al darme el anillo envuelto en un ridículo papel rosa. Fuera, en la acera, trago saliva, agito la cabeza y miro alto, de frente, lanzo dentro del coche el bolso abierto y soplo mientras arranco para barrer fantasmas. Sobre el salpicadero descubro una nota: sabía que te irías. En el edificio, la M verde vuelve a encenderse y en tu ventana.. En tu ventana vigilas cómo me marcho sin hacer nada.

jeudi, avril 10, 2008

Regla nº 1. Pensar menos.


Esta semana está siendo larga como un chicle de esos kilométricos y con el mismo sabor a nada. Y no es la lluvia. La lluvia es hermosa y además se está acabando.
Echo de menos el trabajo, el ajetreo de los días. Y por las tardes no soy capaz de concentrarme en las clases. Estoy ausente. Y así me va. Ayer cuando repartí el texto que íbamos a comentar (además de dar clases de francés doy clases de literatura y enseño -o intento- a hacer comentarios). Bien, ayer, cuando repartí el texto y empezaron con él hubo un chico que me preguntó una duda. Me acerqué y empecé a leer.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos
de cierva concebida.


(…)

y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.


Que, en fin, es un poema fantástico de Miguel Hernández pero que seleccioné inconscientemente y ya sabéis cómo son los chicos así que cogí el papel y dije: vaya, se ve que me he equivocado, éste es para la otra clase, mientras intentaba que no me subieran los colores o, al menos, que no se notara mucho.

Soy un desastre, soy un desastre a todas horas. “Tú eres la única que piensa demasiado” me dice mi hermano.

Quedaron bonitas las fotos de Granada pero ahora nadie querrá verlas. Los que nos acompañaban decidieron esta semana que aquella sería su última cita. Estuve anoche hasta las tantas echándoles un vistazo. Y estuve pensando. En mí. Tampoco podía dormir o simplemente no tenía ganas de irme a la cama. Y llegué a actualizar, sin éxito, un par de veces o siete la bandeja de entrada.

lundi, avril 07, 2008

Como sultanes por las sucias calles de Granada

Regreso.

Los viajes, aunque cortos, siempre saben a ausencia en el punto de origen y en el de destino dejan un sutil halo de nuestros pasos. Resbaladizo, veloz como un salmón a contrarreloj.
Granada tiene viejas calles sucias disfrazadas por jóvenes, un olor a comida turca impregnando las aceras y un abandono a la calma inusual. Todo está cerca. Nada se mueve.
En el hotel, una ducha a deshora, una camiseta exaltando los setenta y una mirada a mi espalda en el espejo sentada en la cama.

De camino, en el taxi y cruzando la avenida hasta llegar al coliseo conversaciones que empiezan con un “te acuerdas de…?”, mi cámara en la recámara y la entrada para el concierto. Nada más. O todo: Nosotros, ahora, los años, la distancia, las amapolas, las tardes de abril, los sábados fuera de casa, el rumor del río, la risa de mi padre, el tren, las horas muertas, las noches sin dormir, los domingos por la mañana, los jerséis de lana, los espacios bien acotados, la carretera bordeada de palmeras, la espera inenarrable, el desorden de mi cabeza, el silencio, tú.
Allí, al filo de la noche todo lo que soy se da la mano en un círculo de aristas inigualables.

Allí, unas 9000 personas coreamos el mismo nombre y él, capitán de barco, mira al frente buscando impasible el horizonte y nos hace reír y nos hace llorar mientras se gira tranquilo, tan elegante, tan cauto, tan fiero y tan perfecto como se mueven sus manos sobre esa guitarra metálica, sobre esa voz suya metálica, como sin nada fuera con él, como por casualidad. Casualidad.
Y allí, jamás dos horas volaron tan rápido, resbaladizas, veloces como un salmón a contrarreloj.

Más fotos, como siempre, aquí. Iré agregando alguna más del viaje a lo largo de la semana.

mercredi, avril 02, 2008

Cosmopoética 2008

Un año más.. las nubes huelen a poesía.

mardi, avril 01, 2008

Let it all go


Uno de los 1440 minutos del día de hoy.